sábado, 12 de noviembre de 2011

3

Interior de una iglesia. Estoy dentro del grupo que va a tomar la primera comunión ese día. Hay compañeros del colegio, pero también de la universidad. No hay sacerdote: quien está es Elton John cantando como si fuera el "Live 8". Estoy sentado con mi padre en primera fila. Elton John queda al otro lado, y en el nuestro hay dos mujeres (la más alejada es más guapa) que tocan dos raros instrumentos que se podrían comparar con tambores golpeados por bates de béisbol. De cuando en cuando se alejan un metro de su instrumento y ejecutan sinuosos movimientos de baile. Cerca de nosotros está G., compañera de la facultad. No tiene edad de hacer la primera comunión, sino su edad actual. A pesar de que eran alrededor de las diez de la mañana, al salir es de noche. Camino junto a mi madre, pero con dificultad: en zigzag, como borracho. Eso hace que me avergüence lo que piensen quienes vienen detrás. Doblamos una esquina y le pregunto cuándo será la comunión. Yo creía que sería a las once y media o las doce, pero mi madre dice que a las dos, las tres o incluso las cuatro. Cuando le digan al cura, dice. Seguimos caminando y eso es todo lo que recuerdo.